Posteado por: alcubillas | abril 20, 2009

Un motivo para no ver la televisión: 20 de abril, 19 años después.

Aún recuerdo resonar en mi mente esta canción, y de eso hace ya casi 20 años, como pasa el tiempo, bueno el tiempo no nosotros, porque yo hoy soy casi 20 años más viejo.

Que època más buena para la música, El ultimo de la fila, Duncan Dhú, Mecano, Seguridad Social, Tenessi, Ronaldos………….míticos de ayer de hoy como Sabina (que en otras ocasiones han aparecido por mi blog)…………………. y Celtas Cortos.

Siempre me ha gustado esta fecha 20 de abril, me recuerda como no a la canción de Celtas Cortos, me suena a primavera,  me huele a las noches en la discoteca los Faroles (que adelantando acontecimientos tendrá su pequeño homenaje en el blog),  eran otros tiempos. ya no solo musicalmente hablando, que por supuesto tambien, sino en nosotros, hace 20 años era todo distinto.

Por eso  hoy mi motivo para no ver la televisión, es escuhcar la musica que hace sentirte bien, que te anima en días grises y que te hace hasta bailar(cuando nunca lo haces). Y yo tengo varias.

http://www.goear.com/files/sst/32ee90cb4afaddc26366078c6d2a5ce7.mp3″ http://www.goear.com/files/sst/f074ba122d7ce80323d29e71e9dc811c.mp3″

está ultima canción (bueno no se si llamarla así porque realmente no lo es), se la dedico a una amiga que me la dejó hace demasiados años, y que sé que en momentos de tranquilidad, la sigue recordando. (el audio no es muy bueno pero esta versión es la que más se parece a la que tuve entre mis manos hace más de 20 años).

http://www.goear.com/files/sst4/a500bc931a60bf864b46ab86f2b4df47.mp3″

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre en su traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él solo,  a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra de lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre a su paso le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tarde va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno

y la salmantina de rubios cabellos
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
al seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
en vez de sotana, marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirle:  —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende, olvida sus rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una mañana brumosa  de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros su féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con las voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en las filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña, mira con temor el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos…
sólo, sólo faltaba entre ellos…
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo…
y allá en la ventana del casucho viejo,

siempre sola y triste, rezando y cosiendo
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Vieja, sola  y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros…

Miguel Ramos Carrión

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Responses

  1. Gracias mil por esta última poesía musicalizada porque “me ha llegado”, me ha transportado a tiempos en que otros colegiales internos en un Colegio-Seminario salían a pasear las tardes de los domingos por una heráldica ciudad manchega. ¿Quién sabe se detrás de algún balcón de los que circundan su abierta plaza no habría alguna joven, morena o rubia, observando cómo paseaban sus portales de norte a sur unos jóvenes que estaban con los frailes? ¿Seguirá esperando el retorno de alguno como las golondrinas de Becquer?

  2. Yo que también fui seminarista, recuerdo con mucho cariño esta bonita poesía de la voz de nuestro paisano solanero llamado Juan Bautista. Una de las grandes voces recitando y que deleitaba, hasta hace poco tiempo, con su preciosa voz a todos los “escuchantes” de radio en Puertollano.
    Había otro recitado suyo que se titulaba algo así como “Del viejo; el consejo” muy interesante en contenido y por supuesto en melodía sonora.

  3. He encontrado otra versión donde aparece 1 verso que en esta declamación no aparece. ¿Actuaría la censura eclesiástica?

    Cuando en ella fija sus ojos abiertos
    con vivas y audaces miradas de fuego,
    parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
    ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
    ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
    A la niña entonces se le oprime el pecho,
    la labor suspende y olvida los rezos,
    y ya vive sólo en su pensamiento
    el seminarista de los ojos negros.

  4. Anargon, buscando esta mañana el texto para ponerlo en el post, he comprobado que tenia algunos cambios con respecto al audio. Yo creo que más que censura eclesiastica, es cuestión acoplar el texto al ritmo del audio-poema.

  5. Sin ánimo de discrepar ni de crear polémica, para mí que hubo censura porque es cierto que cambia “alguna palabra” para adecuarla al ritmo (cuello-cuerpo; cortejo-séquito; sus-los;…) pero una estrofa de ese significado: “Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!” y que para eso tuviera que dejar de ser seminarista, me da que hay hubo algo más que ritmo musical o poético.
    Pero, ya te digo, es un comentario de simple curiosidad, no hay que buscar más allá de lo que todos sabemos lo que fué la censura en este país.

  6. Perdón, la estrofa a la que me refiero es:

    “¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!”

    ¿Crees que la Iglesia iba a poder admitir este “grito” de ruptura?

  7. Anargón, ya imaginaba que te referias a esa estrofa, yo sigo manteniendo mi postura. el poema original (escrito) de Miguel Ramos Carrión (Zamora, 1848 – Madrid, 8 de agosto de 1915) si que contiene esa frase. De hecho todas las entradas que hasta ahora he encontrado en internet la contienen. Más que censura eclesiástica creo se trata de musicalidad. Intentaré esta noche escuchar todas las versiones “cantadas” de este poema a ver si puedo ver algo.


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