Posteado por: alcubillas | julio 9, 2008

Dia del espectador: La Pasión de Cristo. De Mel Gibson 2004

Una de las mejores peliculas que he visto en toda mi vida, que me dejó un nudo en el estómago durante mucho tiempo.

https://i2.wp.com/www.sitevip.net/the_passion_of_christ/images/index_img.jpg

Dirección: Mel Gibson.
País: USA.
Año: 2004.
Interpretación: James Caviezel (Jesús de Nazaret), Monica Bellucci (María Magdalena), Mattia Sbragia (Caifás), Claudia Gerini (Claudia Procles), Maia Morgenstern (María), Sergio Rubini (Dimas), Toni Bertorelli (Anás), Roberto Bestazzoni (Malchus), Francesco Cabras (Gesmas), Giovanni Capalbo (Cassius), Rosalinda Celentano (Satán), Francesco De Vito (Pedro), Luca Lionello (Judas).
Guión: Mel Gibson y Benedict Fitzgerald.
Producción: Mel Gibson, Bruce Davey y Stephen McEveety.
Música: John Debney.
Fotografía: Caleb Deschanel.
Montaje: John Wright.
Diseño de producción: Francesco Frigeri.
Vestuario: Mauricio Millenotti.
Estreno en USA: 25 Febrero 2004.
Estreno en España: 2 Abril 2004.

CRÍTICA por Rubén Corral

Más humano que humano

A las películas sobre la vida de Jesucristo hay que llegar con muchas precauciones. Una vez despojado al personaje de su aura divinizada –precaución nada baladí si se pretende una película algo más verosímil que algunos de los Evangelios– y llevado a Jesús de Nazaret hacia su lado más humano –si, como la película de Gibson pretende, se busca una identificación de los padecimientos del pro-tagonista con los del espectador–, la competencia que puede ha-berse llevado por delante un director –y persona, según leo en algu-nas de sus declaraciones– al que tan poca estima tenía como Mel Gibson es mucha: toda una serie de películas que tratan a Jesu-cristo como si de un sacerdote se tratara, engoladas ilustraciones de época con túnicas inmaculadas y largas melenas y barbas re-cién lavadas y recortadas (desde la incomprensiblemente influyente nadería firmada por Franco Zeffirelli en su miniserie televisiva de 1977 hasta “La historia más grande jamás contada” por George Stevens de 1965, pasando por la versión de Cecil B. DeMille de “Rey de reyes”, o el “Jesucristo Superstar” de Andrew Lloyd Web-ber o Norman Jewison).

No obstante, “La Pasión de Cristo” también deja entrever los mismos achaques en algunos flash-backs en los que Jesús, a lo largo de su Via Crucis, recuerda momentos de su vi-da, y también momentos de los tres años que empleó para explicar su mensaje. Sobre todo en estos segun-dos, en los que Jim Caviezel (cris-tiano de pro, según se ha encargado la promoción de la película de recal-car) actúa de manera exactamente contraria a como lo hace en los crue-les, casi insoportables, planos en los que Gibson detalla el martirio y cruci-fixión de Cristo. Es decir, mientras su actuación en la fase de “la pasión” es humana, muy humana, en los flash-backs tien-de a ser caricaturesco: de nuevo el Jesucristo episcopal, que pa-rece haber vivido dos mil años a la sombra de la iglesia, y al que han borrado toda seña de humanidad. En este sentido, no nos ex-traña que Caviezel haya dicho en varias entrevistas que se basó en el trabajo de Robert Powell, que en los 270 minutos que duraba la miniserie dirigida por Zeffirelli limitaba sus registros a expresar con el rostro y el tono de voz “trascendentalidad”.

Aun así, no hay que dejar que caigan en saco roto muchos de los aciertos mostrados por Gibson, un director que, a diferencia de su rendición ante el mensaje demagogo de una película aparentemen-te intocable (por el fervor de sus defensores) como “Braveheart” (1996) o de la pretendida gravedad de “El hombre sin rostro” (The man without a face, 1993), aquí consigue imágenes que mantener en el recuerdo. Son secuencias memorables, como aquella en la que la madre de Jesús, con las toallas que le da la mujer de Pon-cio Pilatos, limpia la sangre de su hijo en el patio de torturas en el que ha sido azotado; o aquella en la que, tras caer Jesús con la cruz por segunda vez (inciso: la película, que no se libra de mu-chas constantes folklóricas, sí que evita hacer caer a Jesucristo sólo tres veces), María corre a socorrerlo tal y como lo hiciera cuando era pequeño. Quizá porque Maia Morgenstern esté más adecuada que ninguno en su papel, quizá porque Mel Gibson le otorga una tarea fundamental a la hora de conseguir la humaniza-ción de Jesucristo, son los momentos de más hondo calado senti-mental para el espectador.

En el balance de la película también hay que mencionar el tratamiento dis-pensado a dos de los personajes más interesantes de “La Pasión de Cristo”: Judas y Poncio Pilatos. Teniendo en cuenta que la misma tradición (la le-yenda) que ha terminado por convertir a Jesús en una suerte de sacerdote ha llevado a lo más profundo de los in-fiernos a estos otros dos personajes, Mel Gibson logra presentar de manera acertada a Pilatos (el actor de ascen-dencia búlgara Hristo Naumov Sho-pov), un hombre cabal pero indolente, víctima de su propia desidia, de su rencor hacia un sistema que lo ha llevado a ocupar el cargo de go-bernador en una de las provincias menos deseadas y más proble-máticas, indolente y aun así sabedor de que resulta más peligroso para el propio pueblo que pide la crucifixión de Cristo dejar en liber-tad al asesino Barrabás. Con Judas, la cosa es diferente: hay ges-tos mucho más de voluntad que de descripción con el fin de no sa-car a Judas Iscariote de su rol tradicional, acrítico y acartonado. Me estoy refiriendo a gestos como que los fariseos le lancen abier-ta la bolsa con las treinta monedas de plata, para que éste tenga que agacharse a recogerlas una por una; o su cobardía manifiesta a la hora de intentar huir de la presencia de su maestro cuando tie-ne que entregarlo. Si de una película con presunta vocación huma-nística estamos hablando –nada más humano que el martirio y la crucifixión de Cristo–, aquí Gibson yerra.

Llegado a este punto el espectador, enfrentado a tantos ires y venires, le asalta la duda de si Gibson pretendía una visión humanista de Jesús o si, por el contrario, ha sido todo un em-peño caprichoso por ilustrar la parte más terrible de los Evangelios. Lo único que queda es una película polémica, estimu-lante, que incita al debate del mismo modo que en su día hicieran “El Evangelio según San Mateo” de Pier Paolo Pasolini o “La última tentación de Cristo” de Martin Scorsese. Películas ambas –dirigida la primera por un comunista ateo y homosexual, pero la segunda por un católico– que fueron criticadas por instancias eclesiásticas por fariseas razones. No ha ocurrido lo mismo con “La Pasión de Cristo”.

Otra de las lecturas aplicables al film es el estudio que este mar-tirio y crucifixión es sobre la crueldad humana, sobre ocupaciones, sobre asesinatos preventivos y sobre los miedos que nos empeña-mos en construir: a los blasfemos o a los integristas.

Lo han dejado por ahí dividido en 4 partes.
Parte1
Parte2
Parte3
Parte4


Responses

  1. “La inconprensiblemente naderia ” de Zeffirelli como Usted la llama es hasta ahora la mejor interprestacion del Cristo sin la faramalla de la tortura y la carniceria de Gibson, basta una mirada de este hombre para conmover hasta lo mas profundo y eso es un actor no “naderías”.


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